
Durante la carrera de medicina, el mensaje suele ser claro —aunque nadie lo diga de forma explícita— el siguiente paso natural es la especialidad. Desde los primeros semestres se habla del examen, de la residencia, de “cuando seas R1”, como si el camino estuviera trazado y cualquier desviación fuera un error. Por eso, cuando pasan los años, los intentos se acumulan y el resultado sigue siendo el mismo, aparece una pregunta incómoda, profunda y muchas veces dolorosa, ¿quién soy como médico si no soy especialista todavía?
Muchos médicos generales no sufren únicamente por no haber pasado el examen, sufren porque, poco a poco, su identidad profesional se va reduciendo a eso. Cuando el problema no es aspirar a una especialidad, el problema es condicionar tu valor personal y profesional a un resultado. Porque un examen no mide tu ética, tu capacidad clínica real, tu trato con los pacientes, tu compromiso, ni tu potencial como profesional. Lo que mide es la preparación para un formato específico, en un momento específico de tu vida. Nada más.
La palabra todavía puede ser esperanza o prisión. Decir “no soy especialista todavía” mantiene viva la motivación, pero también puede dejar tu vida en pausa: trabajos que no te convencen pero “son temporales”, decisiones personales postergadas, proyectos propios que no inician porque “primero la residencia”, mientras los años pasan. Por eso, vale la pena preguntarte con honestidad, si estás construyendo una vida mientras intentas pasar a la especialidad, o si estás esperando pasar para que tu vida empiece.
Uno de los mayores daños culturales dentro de la medicina es tratar la medicina general como un escalón inferior o transitorio. Esto genera vergüenza, culpa y una sensación constante de insuficiencia. Porque la realidad es que:
El problema no es ser médico general, el problema es ejercerlo sin reconocimiento, sin estructura y sin proyecto propio.
Tal vez hoy no eres especialista.
Pero sí eres un médico con experiencia clínica real, alguien que ha enfrentado frustración y sigue en pie, un profesional con capacidad de adaptación, una persona que puede decidir su camino, no solo reaccionar a un examen. Tu identidad no tiene que estar absolutamente ligada a intentar pasar a la especialidad, sin duda es algo importante para ti, pero tú eres muchísimo más que eso.
Más allá del examen, estas preguntas pueden ayudarte a recuperar el control:
Responderlas te acerca a una decisión más consciente y alineada con lo que tú eres.
Hazlo desde un lugar distinto, con estrategia nueva, con apoyo emocional, con un plan financiero, con una vida que no esté completamente detenida. Contempla la flexibilidad, y si decides cambiar el rumbo no sientas culpa, estás en el proceso de encontrarte contigo mismo. La pregunta clave es: ¿quién quieres ser más allá de tus títulos?